Alejandra Gomes d'Amaral

Problemas de miedo y reactividad en perros que han estado confinados por el COVID

Problemas de miedo y reactividad en perros que han estado confinados por el COVID

Desde el verano de 2020, cuando se acabó el confinamiento estricto y pudimos continuar con esta “nueva normalidad”, he estado recibiendo consultas de familias solicitando ayuda con sus perros por motivos de miedo, inseguridad, reactividad y agresividad.

Para atender a un perro y su familia, primero hago una muy exhaustiva evaluación inicial, para definir, lo más acertadamente posible, los antecedentes de la conducta del animal, para así poder actuar de forma más eficaz en el menor tiempo posible. De esta manera, los problemas desaparecen más rápido y la familia recupera la armonía que tan necesaria es para una convivencia feliz entre especies diferentes. Mi objetivo siempre es buscar el camino más corto para encontrar la solución, y así evitar la frustración de la familia y el posible abandono del perro por inmanejable.

En estos días estuve revisando nuevamente los casos y comprobando que todos tienen un denominador común: los animales tratados son todos juveniles o adultos jóvenes, todos adoptados a finales de 2019 o principios de 2020, con un historial similar en cuanto a su socialización, mermada por el periodo de vacunación en un primer momento y el confinamiento por COVID a continuación. Es decir, todos estos perros se han pasado de media unos 4-6 meses sin contacto con otros perros y personas, coincidiendo esto con los periodos sensibles de socialización de su desarrollo.

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Socialización y periodos sensibles

El período sensible de socialización es una etapa vital de aprendizaje, en la que el perro aprenderá a relacionarse con otros individuos de su especie, reconociéndose a sí mismo como parte de esta especie, pero también aprenderá a relacionarse con otras especies (como humanos y otros animales). Durante esta etapa, el animal aprende a “ser perro”, adquiriendo las habilidades sociales y sexuales para desarrollar una correcta comunicación.

Este período de tiempo está comprendido entre las 3 y las 12-16 (según diversos autores) semanas de vida. Es como si el cachorro accediera a una ventana que le permitiera ver y habituarse a cualquier estímulo que se le presente. Este proceso se hace naturalmente, y es fundamental para que el cachorro incorpore los principales estímulos que se encontrará en su vida adulta, pudiéndose evitar así el futuro desarrollo de problemas de comportamiento relacionados con el miedo o la agresividad. Por ello es fundamental que los cachorros no se separen de su madre y de su camada hasta como mínimo las 8 semanas de vida (yo creo que las 10 semanas sería mucho mejor).

Paradójicamente, esta extraordinaria capacidad de adaptación se debe a la falta de maduración a esta edad de los mecanismos neurofisiológicos responsables de la respuesta comportamental de miedo. La finalización de este período de socialización se produce con la maduración completa de estas estructuras nerviosas responsables de la respuesta de miedo frente a estímulos desconocidos.

Durante este tiempo, el ambiente tiene un efecto particularmente intenso y duradero sobre el desarrollo del individuo. Por ello no sólo es importante que se relacione con perros y personas, sino también que experimente, se habitúe y se adapte al entorno y a todo lo que éste contiene (sonidos, luces, olores, movimiento, texturas, etc.).

Un proceso de socialización incompleto o ausente, está comprobado científicamente que genera la aparición de conductas disfuncionales en los perros, como el miedo, la ansiedad, la inseguridad, la reactividad, la agresividad.

¿Cómo es la socialización en nuestros perros?

Cuando hablamos de nuestros compañeros animales, la socialización generalmente se refiere al proceso de exponer gradualmente a un cachorro a nuevas experiencias, animales y objetos con los que es probable que se encuentre a lo largo de su vida. Este proceso también debe incluir la exposición a numerosos sonidos, luces y texturas; perros de diferente tamaño, sexo, raza, color; especies animales que probablemente encontrará en su vida, así como humanos de diferentes edades, sexos y razas.

Pero al mismo tiempo hay que asegurarse de que el cachorro encuentre agradable estas experiencias. Es decir, debemos hacer que cada experiencia sea positiva para el cachorro, para que vaya adaptándose gradualmente al mundo que lo rodea.

La socialización debe ser gradual, comenzando por experiencias limitadas a cada uno de los estímulos y que duren muy poco tiempo. En el caso de personas o perros, un grupo pequeño y unos pocos minutos son suficientes para los primeros pasos del proceso. Si esta situación es tolerada por nuestro cachorro y lo vemos cómodo en ella, podemos cambiar alguna variable: o bien incorporamos más personas o perros, o extendemos el tiempo de interacción. En estos procesos, debes ir poco a poco, muy progresivamente, porque se trata de evitar que estas experiencias tengan un impacto negativo en el cachorro, ya que estas emociones negativas condicionan las conductas futuras de tu perro. Si esta introducción a estímulos (personas/perros/otros animales) se hace de forma abrupta o se mantiene mucho tiempo sin atender a las emociones que está sintiendo el cachorro, éste puede sentirse abrumado, agobiado, temeroso y las consecuencias son negativas. En ocasiones, una sola experiencia negativa puede condicionar una vida de falta de gestión emocional, con las consecuentes conductas indeseadas de por vida en el perro adulto.

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¿Cuándo debo comenzar la socialización de mi cachorro?

Esta es la primera tarea y la más importante que deberás tener en cuenta cuando decidas compartir la vida con un cachorro. Lo más importante no es que aprenda a sentarse, a dar la pata, a traerte las pantuflas o a hacer pipi fuera. Todo eso, y mucho más, ya llegará, si tu cachorro se convierte en un perro juvenil y adulto equilibrado. Y para ello, socializar a tu cachorro correctamente es lo que más te ayudará a prevenir los posibles problemas de comportamiento futuros, como pueden ser los miedos y la reactividad exagerados ante situaciones cotidianas con las que te encontrarás. Por ejemplo, un perro adulto puede tener pánico a los contenedores de basura o ser reactivo a los autobuses, y generalmente se debe a una carencia de experiencias positivas durante su sociabilización.

Lo que intento decirte es que la socialización debes comenzarla cuanto antes. Unos días después de la llegada del cachorro y de su aclimatación a su nueva casa y familia, debes comenzar el proceso de socialización, del cual serás el mayor responsable.

Socialización versus Vacunación

En primer lugar, debes consultar con tu veterinario cuál es el plan de vacunación que tiene pensado para tu cachorro. En general, la vacunación coincide con el periodo de socialización, pero dependiendo de la edad que tenga el cachorro, aún se puede extender mucho más en el tiempo. Y cuanto más nos extendamos, menos tiempo tenemos para habituar al cachorro a este mundo.

Dependiendo de la zona en la que vivas, habrá unas u otras enfermedades que pueden afectar seriamente a tu cachorro. Si es muy pequeño y aún no ha sido vacunado, no estará protegido, por lo que no puede tener acceso al suelo de zonas demasiado concurridas por otros perros que no conoces. Pero aunque no tenga las vacunas completas, no puedes perderte esta etapa clave en la socialización, y tienes la obligación de salir a la calle con el cachorro en brazos o en una mochila, para exponerlo al entorno, a las personas y a otros perros.

La exposición a los distintos estímulos que se encontrará siempre ha de ser muy corta, poco tiempo, poca interacción, pero mucha calidad en la experiencia. Es decir, siempre tiene que ser una experiencia positiva, sin agobios, sin forzar situaciones, asociando los estímulos con cosas buenas como comida o juego, ofreciéndole seguridad

Sabemos que la salud física del cachorro es primordial; pero también lo es la salud mental y emocional. Cada vez más veterinarios con conocimientos en comportamiento recomiendan comenzar con la socialización del cachorro cuanto antes sea posible, siempre que las condiciones sean favorables, como por ejemplo sacándolo a la calle con mochila, asistiendo a fiestas y clases de cachorros, invitando familiares y amigos a casa, invitando a perros que estén en perfectas condiciones de salud y equilibrados mentalmente.

Es prudente evitar exponer a un cachorro a perros cuyo estado de salud se desconoce, en parques y otras áreas probablemente contaminadas con heces de perro hasta que el cachorro esté completamente vacunado. En regiones donde el parvovirus es desenfrenado o donde otros agentes de enfermedades infecciosas pueden estar presente, incluso puede estar justificado evitar que el cachorro camine en sitios urbanos públicos hasta que esté completamente vacunado. Siempre hay que encontrar el equilibrio para que los cachorros puedan estar expuestos de manera segura a personas, lugares, vistas, olores y sonidos sin riesgo de exponerse a enfermedades infecciosas

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¿Y a qué cosas hay que acostumbrarlo?

Pues a todas estas… Parece mucho trabajo, pero créeme que no lo es tanto. Y además, será divertido y gratificante para ti verlo conquistar el mundo y crecer pasito a pasito. Pero vamos a ir despacio…

  • Personas (adultos, tercera edad, niños y adolescentes)
  • Material de paseo (correa, arnés, bozal, collar…)
  • Material cotidiano (manta, cama, transportín o jaula, juguetes, cubos…)
  • Ayudas técnicas (si es que en la familia son necesarias: sillas de ruedas, andadores, bastones…)
  • Vehículos (coches, camiones, ambulancias, autobuses, motos, patinetes, bicicletas, trenes, tranvías…)
  • Sonidos (ruidos urbanos, petardos, electrodomésticos, cosas que se caen, juguetes sonoros…)
  • Perros (grandes y pequeños, de todas las edades y colores)
  • Luces (urbanas, reflejos, sombras…)
  • Olores (de casa y de calle)
  • Superficies (escaleras, gravilla, aceras, piedras…)
  • Manipulación física (veterinaria y peluquería)
  • Situaciones nuevas

¿Qué es lo más importante a tener en cuenta?

Éste es el ABC de la socialización. Apréndetelo como si fuera un mantra, porque aquí están los ítems más importantes que debes saber y tener presentes cuando estés con tu cachorro.

 

Si quieres saber más sobre los procesos de socialización de tu cachorro, cómo llevarlos a cabo y trucos para que sea una etapa exitosa, en el Curso “De trasto a buen chico” encontrarás todo lo que necesitas aprender para el primer año de vida de tu pequeperro.

Alejandra Gomes d'Amaral

Alejandra Gomes d'Amaral

“¿Tú qué quieres hacer de tu vida? Yo quiero entender, sentir, cuidar y vivir con los animales.”

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Intervenciones Asistidas con Animales (IAA)

Intervenciones Asistidas con Animales (IAA)

El vínculo entre humanos y animales tiene miles de años y se ha establecido en numerosos y diferentes campos. El hombre ha incorporado a los animales en muchos aspectos de su vida a lo largo de la historia: en la agricultura, la caza, la defensa personal, la protección, etc. Con el paso del tiempo, los animales han conseguido otro rol en nuestras vidas como animales de compañía, afianzado en particular en la sociedad moderna. En una sociedad cuya estructura familiar se ve cada vez más desintegrada y en la que la soledad y el aislamiento son más una regla que una excepción, los animales han ido reemplazando un vacío emocional propio de esta época y se han convertido en una fuente de afecto, proporcionándonos un apoyo emocional sin precedentes.

Los efectos beneficiosos en la salud que produce la relación del hombre con los animales han sido intuitivamente aceptados desde siempre, pero es a partir de mediados de la década de los 60, cuando empiezan a efectuarse investigaciones en este campo, y del resultado de éstas, se desprende el hecho que los animales de compañía proporcionan notable alivio a las dolencias, tanto corporales como espirituales de los seres humanos.

Así nace una nueva disciplina: las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA).

¿Qué son las Intervenciones Asistidas con Animales?

 

Las IAA son intervenciones terapéuticas, educativas o de ocio en las que participan animales, con la finalidad de promover la salud o la educación y el bienestar humano.

No son terapias alternativas; son programas complementarios donde el animal resulta un elemento motivador y facilitador de la terapia, convirtiéndose en una gran ayuda al servicio del terapeuta o educador.

Sus objetivos son específicos y preestablecidos para cada individuo, diseñados para promover mejoras a nivel físico, social, emocional, sensorial, educacional y/o cognitivo de la persona.

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Una buena práctica de este tipo de intervenciones requiere que sean dirigidas, desarrolladas y evaluadas por un profesional de la salud, de la educación o del ocio y tiempo libre.

 

Las IAA son empleadas, entre otras cosas, con fines de rehabilitación y de estimulación multisensorial, como fuente de contacto físico y de motivación, como reforzadores de conductas y potenciadores del aprendizaje y de la autoestima, como facilitadores sociales y catalizadores de emociones, y en general, para mejorar la calidad de vida de las personas.

¿A quién van dirigidas las IAA?

Los grupos de personas con las que se puede aplicar las IAA son múltiples. Quizás aquellos de más frecuente aplicación o en los que el efecto terapéutico es más notorio, son los niños y los ancianos. Sin embargo, hay muchos más colectivos, como podrían ser los niños o adultos hospitalizados, personas con problemas psiquiátricos, personas con problemas de drogadicción, mujeres víctimas de violencia de género, menores en exclusión social, personas con discapacidad física o enfermedades degenerativas, personas con discapacidad intelectual, personas en reclusión penitenciaria… De acuerdo a los objetivos a alcanzar, las sesiones pueden ser individuales o grupales.

Las IAA son aplicables a personas de cualquier edad (desde bebés a mayores), que por alguna razón experimentan limitaciones en el desempeño de su día a día, tanto si se encuentran en una situación puntual de su vida o tienen un diagnóstico determinado (diversidad funcional).

 

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Personas pertenecientes a cualquier colectivo social (diversidad funcional, exclusión social, víctimas de violencia de género, reclusión penitenciaria, etc.), que por sus necesidades y situación, requieran de una intervención terapéutica, también se benefician de las IAA.

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El equipo profesional

 

Por norma general, las sesiones de IAA están llevadas a cabo por un equipo formado por un profesional de la salud (psicólogo, terapeuta ocupacional…) o de la educación (maestro, maestro de educación especial,…), un guía del animal (educador canino, técnico/experto en IAA…) y uno o más animales.

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Si el animal participante lo permite, las sesiones se realizan en un centro, al cual se desplaza el equipo, según unas pautas previamente establecidas, para desarrollar las actividades dentro de la entidad. Pero también hay otras modalidades, como la del ‘animal residente’, en que uno o más animales son adquiridos por el centro y viven dentro de las instalaciones de forma permanente (es el caso de pájaros, tortugas o roedores). En el caso de tratarse de caballos o animales de granja, las personas han de desplazarse a las instalaciones adecuadas para participar en las actividades. En el caso de los perros, también se pueden realizar las sesiones en el domicilio particular del usuario.

Tenemos una amplia gama de posibilidades cuando se elige un animal o una especie para llevar a cabo una IAA. La elección del animal no es al azar, puesto que cada especie nos aporta características particulares que se acoplan mejor a un determinado tipo de intervención. De esta manera, al elegir el animal que vamos a emplear, tendremos en cuenta muchos factores, entre ellos: las necesidades del centro (facilidad de manejo, instalaciones, etc.), las limitaciones físicas de los pacientes (geriátricos, personas con discapacidades físicas, etc.), el tipo de diversidad funcional (aspectos físicos, mentales, etc.), los objetivos de la intervención (físicos, cognitivos, sociales, etc.), etc. Ejemplos de animales que pueden emplearse en dichas actividades incluyen pájaros, conejos, caballos, perros, gatos, gallinas, delfines, etc.

Modalidades de IAA

 

Existen una gran variedad de términos que definen las Intervenciones Asistidas con Animales; algunas tienen que ver con su función específica (terapia, actividad educativa, actividad de ocio…) y otras están relacionadas con el animal que participa en el proyecto (canoterapia, equinoterapia,…).

 

El desarrollo y la evolución de esta disciplina ha llevado a los profesionales a buscar una terminología unificada, para poder investigar e intervenir desde unos lineamientos comunes. Así, cada vez más profesionales clasifican las IAA en:

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Terapia Asistida con Animales (TAA)

Las TAA son intervenciones dirigidas y/o impartidas por un profesional sociosanitario (psicólogo, terapeuta ocupacional, etc.), buscando objetivos específicos del su especialidad. Toda TAA debe estar diseñada para promover mejoras en el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de una persona.

Una TAA puede ser tanto grupal como individual según sus objetivos específicos. Este tipo de actividades siempre deberán ser debidamente documentadas y evaluadas. Las TAA cuentan con objetivos específicos para cada individuo, y el progreso es medido y analizado.

Un ejemplo: Un terapeuta ocupacional asistido por un perro y su guía, trabajan para lograr que un paciente mejore sus habilidades para desempeñar de forma autónoma actividades cotidianas, tales como vestirse, desvestirse, cuidado de la ropa, etc.

 

Educación Asistida con Animales (EAA)

Esta modalidad se caracteriza por abordar los aspectos educacionales curriculares y es dirigida por un profesional de la educación (maestro, logopeda, educador…). También requiere de evaluaciones, registros y objetivos específicos. El equipo de intervención siempre es el profesional de la educación, el guía del animal y el animal.

Un ejemplo puede ser la realización de un taller de lectura, en el que el perro participa como oyente (motivador de la actividad) y como compañero de dramatización de la historia.

 

Actividad Asistida con Animales (AAA)

Las AAA mejoran la calidad de vida de una persona, aportando beneficios motivacionales, recreacionales y/o terapéuticos. Una AAA contempla objetivos específicos para cada sesión, requiere un registro menos exhaustivo. La aportación de profesionales del área de la animación enriquece este tipo de propuesta. Por ejemplo, actividades de ocio organizadas en campamentos, escuelas de verano, talleres en colegios, etc.

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¿Qué nos aportan los animales?

Los beneficios que se derivan de las IAA alcanzan a todas las dimensiones de la persona: física, cognitiva, emocional, social, sensorial, conductual.

Son muchas las organizaciones que están trabajando en este ámbito y existen estudios científicos que avalan el hecho de que los animales favorecen nuestro bienestar general. Sin embargo, para hablar de los beneficios más específicos ofrecidos por las IAA, debemos decir que éstos dependerán de los objetivos que se proponga cada profesional interviniente y de cómo éste utilice la participación del animal en la sesión.

En términos generales, la presencia de un animal en la intervención profesional favorece dicha acción, colabora en su ejecución, motiva al usuario a la participación, lo predispone a la aceptación de las tareas que se le proponen, le da sentido y significado a las actividades de la sesión, produce sensación de compañía, favorece un entorno adecuado para sentirse relajado, ofrece una gran diversidad de estímulos, genera atención y diversión, permite evadirse de los problemas cotidianos y proyectar los sentimientos y experiencias propias en el animal, favorece la comunicación con otros, genera empatía y sentimiento de responsabilidad.

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Algunos estudios científicos que contribuyeron a afianzar las IAA

 

En los últimos 20 años, numerosos equipos de trabajo han realizado estudios centrados en obtener datos, no sólo sobre el bienestar de las personas participantes en una IAA, sino también en cómo estas influyen en el animal. Aún queda mucho recorrido por andar, y se debe seguir investigando de forma metódica y sistemática para dar mayor credibilidad y apoyo a este tipo de intervenciones. Aun así, indudablemente la interacción humano-animal beneficia a ambas partes, como podemos observar y disfrutar en cada sesión que llevamos a cabo.

Alejandra Gomes d'Amaral

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Un perro que cura todos los males… por Navidad

Un perro que cura todos los males… por Navidad

Al acercarse las fiestas de fin de año, nos volvemos a encontrar con la temida realidad: la compra / adopción de animales, principalmente perros, como regalo para los niños de la casa. Las probabilidades son altas de que estos animales lleguen a nuestros hogares desde un origen en ocasiones desconocido e insalubre, con una experiencia de vida previa problemática que generará futuros problemas de comportamiento,  y a veces con serias enfermedades que pueden causarle la muerte. Una vez pasada la novedad y el espíritu navideño, suelen transformarse en un problema y ser abandonados o llevados a las protectoras.

Esta circunstancia se agrava aún más con la creencia de que los perros son la solución para las familias que tienen niños con necesidades especiales. Esta nueva moda surge del gran auge de las terapias asistidas con perros, debido a la información errónea que aportan los medios de comunicación masivos.

Hace falta sólo un par de minutos para encontrar en Internet gran cantidad y variedad de artículos sobre los beneficios que los perros aportan a los niños con diversidad funcional. Titulares como “Perros y niños con autismo: un amigo junto al que descubrir el mundo”, “Perros para niños con autismo: un mundo de beneficios” o “Las mejores razas de perros para niños con autismo”, nos abordan por diversas vías (Internet, televisión, prensa escrita, etc.). Con claras buenas intenciones, cualquier persona comenta que ha leído /escuchado / visto que los perros aportan una solución mágica para los niños y las niñas con diversidad funcional. Y en ocasiones, hasta se recomiendan determinadas razas, generalmente las menos adecuadas, sin tampoco tener en cuenta las características del propio individuo canino. Estas publicaciones están muy alejadas de la realidad, no transmiten información correcta y contrastada, y generan expectativas absolutamente irreales en las familias.

Quienes trabajamos en este ámbito nos encontramos con familias realmente desesperadas, que se han dejado llevar por esta moda, han incorporado un perro a su hogar, y no solamente no ha producido ninguna mejora en los niños de la casa, sino que se ha trasformado en otra difícil circunstancia que afrontar.

Os explicamos los motivos. Vayamos por partes…

¿Convivir con una mascota nos aporta beneficios?

SI, y están científicamente comprobados.

Todos los que convivimos con mascotas sabemos que nos aportan bienestar, alegría, compañía, afecto y ocupación. Esto es una apreciación subjetiva de los propietarios. Pero si investigamos un poco más allá, podemos afirmar que está científicamente comprobado que la convivencia con un animal mejora nuestra calidad de vida. Son numerosos los científicos que sostienen que los animales de compañía aportan beneficios saludables para el ser humano, tanto en el área física, como también en la esfera psicológica, emocional y de relación social. En futuras publicaciones en https://www.facebook.com/InterAnimals/ o en este blog, abordaremos este tema en profundidad, por si  quieres iniciarte en el conocimiento de cuánto nos pueden ayudar las mascotas.

En el caso de niños y niñas con diversidad funcional, se han comprobado científicamente que los perros participantes en las actividades con niños, generan, entre otros, los siguientes beneficios: actúan como punto focal para niños con trastornos por déficit de atención, captando la atención del niño y favoreciendo su capacidad de concentración (Davis, 2002)*; aumentan el interés por el juego y mejoran la atención al entorno social (Martin et. Al., 2002); aumentan la utilización de lenguaje verbal favoreciendo la integración social de los niños (Sams et al., 2006); mejoran el compañerismo entre los usuarios, incrementan su integración social, y esto repercute positivamente en la calidad de vida de niños y padres (Burrows et al., 2008). También se ha registrado una mejora en el comportamiento general de los niños participantes, con una disminución de la secreción de cortisol (Viau et al., 2010) y un incremento de respuesta positiva a otras terapias (De Rose et al., 2011).

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Otros beneficios potenciales que se han enunciado: estimular la comunicación concreta, simple y monocanal, utilizando la vía de comunicación visual; constituirse el perro como objeto transicional vivo que le permita estar más seguro en situaciones de ansiedad y desorganización; proporcionar calma y una mejor interacción con el entorno, gracias al ritmo de marcha y movimiento controlado y repetitivo que se da durante el paseo; incrementar la atención, la concentración, el contacto visual y mejorar la transición entre actividades; incrementar la seguridad del niño en lugares públicos, evitando conductas de fuga y permitiendo a los padres tener una mayor tranquilidad; mejorar los patrones de sueño, tanto por la estimulación sensorial altamente reguladora y el tacto profundo que ofrecen a sus usuarios por la noche como por la especial empatía que existe entre los dos tras un período de adaptación.

Entonces… ¿Los perros curan todos los males?

Definitivamente, NO.

Los perros NO son medicinas que curan una enfermedad, NO son terapeutas que guían un proceso terapéutico dirigido por un profesional, y su sola presencia NO es mágica y NO cambia la realidad.

No hay que perder la perspectiva de que los beneficios nombrados anteriormente, provienen de estudios científicos que han sido planificados, dirigidos y monitorizados por profesionales, con la aceptación y colaboración de las personas participantes en el estudio.

Es decir que, para conseguir estos beneficios, detrás hay un equipo de profesionales que han realizado una valoración previa de las necesidades del usuario o de la familia, han establecido unos objetivos claros y concretos acordes a la evaluación realizada y focalizados en mejorar sólo algunos aspectos determinados de la vida de esa familia, mediante actividades terapéuticas específicamente diseñadas para lograr esos fines, y con una estricta evaluación continua de los resultados que se van consiguiendo gradualmente.

En este contexto, los perros son un recurso motivador que pueden utilizar los profesionales del ámbito social, sanitario o educativo, para desarrollar su intervención y conseguir sus fines. Los perros que participan en terapia, educación y ocio asistiendo como acompañantes de los profesionales, han sido debidamente seleccionados, educados y adiestrados, en un proceso que suele extenderse por un año o más, para convertirse en ayudantes de las intervenciones terapéuticas.

Un nuevo miembro en la familia

Sin menospreciar los beneficios que se obtienen a través del vínculo afectivo que se construye con un animal y de la convivencia con el mismo (estamos convencidos de que son fundamentales para mejorar nuestro día a día!), querría hacer hincapié en la cara opuesta de la situación: cuando incorporamos un animal a nuestra rutina diaria, no siempre nos sentimos beneficiados, sino, justamente todo lo contrario.

Incorporar un nuevo miembro a la familia de forma impulsiva y sin asesoramiento previo, puede convertirse en un cóctel de desilusión, frustración, ansiedad, desesperación y estrés. Esto dependerá de nuestras condiciones de vida (espacio en la vivienda, tiempo disponible, cantidad de personas en la familia, edades de los niños, horarios y rutinas, etc.) , de nuestros conocimientos previos (cómo enseñarle a hacer sus cosas fuera de casa, a andar a nuestro lado sin tirar de la correa, a permanecer tranquilo y relajado cuando salimos con amigos…) y sobre todo, de nuestras expectativas, habitualmente desconectadas de la realidad (el perro se llevará genial con los niños, será sociable y cariñoso, no romperá los juguetes ni se comerá los muebles, convertirá en agradables y relajados nuestros paseos, ayudará a mi hijo/a a relacionarse con otros niños, nos ayudará con los niños a la hora de dormir, haremos amigos nuevos en el parque, y un largo etc…).

Lamento decirte que la realidad es otra. En base a nuestra experiencia, lo que hemos observado es que las familias, con su mejor intención y con gran ilusión, han incorporado perros de razas no recomendables (muchas veces aconsejados por personas o instituciones que no tienen los conocimientos necesarios en este ámbito), animales con un temperamento incompatible con los más pequeños de la casa o con los miembros de la familia con diversidad funcional, con problemas de conducta que en ocasiones pueden resultar peligrosos y complicados de solucionar, que necesitan que les dediquen más tiempo y atención del que se dispone y que requieren tener una idea previa de educación canina. Esto produce un caos en el día a día familiar, y el perro pasa de ser el “compañero soñado y deseado” al “problema del que hay que deshacerse de forma urgente”.

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Ya no puedes pasear o descansar tranquilamente ni hablar con otras personas en el parque, porque no sólo has de estar pendiente de los niños, sino también de correr detrás del perro que no obedece, evitar que se pelee con otros perros o que ladre a las personas. En casa la cosa se complica: si el perro es muy activo, su forma de jugar puede no ser compatible con los niños; si es muy ladrador, algunos niños con mayor sensibilidad a los sonidos pueden verse afectados; quizás al animal no le guste que lo toquen o lo abracen continuamente, por lo que gruñe a los niños advirtiéndoles.

¿Y entonces cómo hacemos si queremos un compañero canino en casa que se adapte a nuestra forma de vida?

CADA CASA ES UN MUNDO…  ¡Y CADA PERRO TAMBIÉN!

Cada casa es un mundo y cada habitante de ese mundo tiene una forma de ser, de pensar, de percibir, de sentir, de vivir. Los animales que conviven con nosotros también son únicos e irrepetibles, tienen su propia forma de interactuar con el mundo que les acoge, tienen su propio carácter y temperamento, sus gustos y preferencias, su forma de percibir y sentir es diferente de la nuestra.

No todas las razas de perros ni todos los individuos caninos se acoplan perfectamente a nuestra vida. Nos enamoramos de un animal cuando lo vemos y creemos que es el ideal, centrándonos en su aspecto físico, su color, su tamaño o sus ojos. Pero cuando lo llevamos a casa descubrimos muchos aspectos que no conocíamos y que no sabemos manejar. La inserción de un animal en nuestra vida lleva mucho tiempo de trabajo y lamentablemente, a veces, no termina bien, si no se realizan adecuadamente los pasos previos necesarios.

Un equipo multidisciplinar, de profesionales del mundo canino y, de ser necesario, del ámbito sociosanitario, pueden asesorarte en este proceso, acercándote a la posibilidad de dar este paso tan importante para tu familia de forma segura, teniendo siempre en cuenta las necesidades y expectativas de todo el grupo familiar, asesorándote en el proceso, realizando una valoración previa de la estructura familiar para definir juntos el perro que mejor se adapte a tu día a día, seleccionando al mejor amigo con el que compartirás tu casa y tus paseos,

informándote y formándote para que comprendas a tu perro y sepas como comunicarte y entenderte con él. De esta forma, la llegada de un miembro nuevo a la familia será una experiencia positiva para todos, una oportunidad para aprender a disfrutar de tu nuevo amigo y crear un vínculo afectivo que durará toda la vida. Y si ya tienes perro y todavía quedan cosas que resolver en tu convivencia, no te preocupes que aún estás a tiempo para solucionarlas y disfrutar más y mejor de tu compañero de cuatro patas.

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¿Adopción de un nuevo amigo?

Claro que sí…, pero previo asesoramiento por profesionales… 😉

Y así… ¡todos felices!!!

*Entre paréntesis, apellido del autor principal y año en el que se publicó el estudio científico.

Alejandra Gomes d'Amaral

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